lunes, 18 de septiembre de 2017

“DESPUÉS” DE RAÚL, ¿QUÉ? por José Manuel Presol


Nuevamente hemos vuelto a caer en la trampa. Somos como esos perros con los que se hacen carreras, a los que les ponen delante, para que corran más de prisa, una liebre a la que es imposible alcanzar, pues es mecánica.

Los “compañeros” del PCC están desviando, nuevamente, nuestra atención de la cuestión principal. Nos están poniendo delante una “liebre falsa” para que corramos tras ella. En está ocasión la liebre es: ¿Quién va a reemplazar a Raúl?

No, hermanos, no. Esa no es la cuestión. Nos llevan a pensar en varios candidatos e incluso nos centran en dos de ellos: Alejandro Castro y Miguel Díaz-Canel.

El primero no goza de mucha popularidad, aunque sí de mucho poder, pues es una clara continuación de la “dinastía reinante”. Posiblemente será el “poder real” detrás del “poder formal”, no lo sé. El segundo ha parecido, durante bastante tiempo, como que podía tratarse de una ligera brisa de aire fresco, cuando creo que nunca lo ha sido.

Ahora nos ha caído encima un cubo de agua fría: han aparecido unos videos en los que Díaz-Canel se posiciona con las posturas más rancias y reaccionarias de la Dictadura y del PCC. Parece que ha dejado de ser el “Gorbachev cubano”.

Bueno, entre el dirigente soviético y él hay bastantes similitudes. Ambos han sabido “alimentarse y crecer” siendo fieles al aparato (por eso no deben sorprendernos esos vídeos y declaraciones), han sabido cumplir con su función de represores, han ocupado cargos de responsabilidad (pareciendo ser totalmente leales, incluso serviles, a la línea oficial) y, no obstante, el primero acabó “traicionando al partido”, del segundo aún no lo sabemos.

De todas formas, nos hemos puesto a hablar de “candidatos”, se dan cuenta como “perseguimos a la falsa liebre”.

De lo que tenemos que hablar es de nuestros objetivos reales, y esos objetivos no son si el “sustituto” de Raúl va a ser uno u otro, nuestro objetivo real es el reemplazo de la actual estructura del Estado cubano por otra de acuerdo con los principios democráticos vigentes en todo sistema donde se gobierne según las decisiones tomadas por el Pueblo.

Nuestro objetivo no es participar, en una forma u otra, en las próximas elecciones cubanas (hablo de todas), eso es solamente una vía, quizás correcta o quizás no, hacia ese objetivo: un Estado democrático.

Nuestro objetivo intermedio es intentar ir ganando pequeñas victorias que nos aproximen a la victoria real y final.

Pequeñas grandes victorias son reclamar el derecho a ser elegido, reclamar el derecho a que cada cubano sea un voto, reclamar el derecho a que los candidatos puedan acceder a la prensa, radio y televisión, reclamar el derecho a que esa prensa, radio y televisión estén dirigidos por profesionales cuyo interés no sea seguir las instrucciones y consignas del PCC.

Nuestro objetivo es sustituir la vigente falsa “constitución” por la última votada en libertad por los cubanos, la del 40, aunque sea de forma provisional, hasta que podamos, lo antes posible, tener otra actualizada y adaptada a las circunstancias actuales.

Todo lo demás es pérdida de tiempo y de esfuerzos. Debemos tener muy claro cuál es el objetivo final, saber cuáles son los objetivos intermedios que nos pueden llevar al final, y dirigirnos a él sin distraernos ni desperdiciar energías.

Recordemos: nuestra Constitución del 40 es una gran arma contra la dictadura; fue lo primero que se apresuró Batista a derogar cuando su golpe de estado, y fue lo primero que se apresuró Castro a derogar. Debemos impulsarla, darla a conocer, enseñar los derechos y deberes que reconoce.

Tampoco debemos centrarnos en las diferencias que nos puedan separar a unas organizaciones opositoras de otras, en lo que sí debemos centrarnos es lo que nos une: el ansia de democracia. Al fin y al cabo todas las organizaciones, igual que dije antes, no son más que vías, que escogen unos compañeros u otros. Algunas de esas vías estarán equivocadas, otras no. Quizás los equivocados seamos nosotros. 

Lo importante no es acertar o equivocarse de vía; lo importante es avanzar unidos, aunque sea arrastrándonos, aunque sea increíblemente despacio, hacia el objetivo final: una Cuba Democrática y Libre; pero siempre avanzar.


La enseñanza de Martí es clara y poco más hay que hablar: “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.” (Nuestra América, 1 de enero de 1891).

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