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jueves, 28 de septiembre de 2017

POR QUÉ ES CASI IMPOSIBLE NEGOCIAR CON LOS GOBIERNOS DE CUBA Y VENEZUELA.

Ni el castrismo ni el chavismo están dispuestos a perder el poder.
Nosotros estamos acostumbrados a negociar y lo hacemos continuamente. Negociar es intrínseco a las personas libres y a las leyes del mercado. Negociamos cuando compramos algo para fijar el precio. El vendedor trata de obtener el precio más alto que pueda, mientras nosotros buscamos pagar el precio más bajo que sea posible.
Al final se negocia un precio que es mayor a lo que nosotros hubiéramos deseado pagar, pero menor a la cifra que el vendedor hubiera deseado recibir. En una negociación, ninguna de las partes obtiene lo que desea, pero se llega a un acuerdo que es aceptable para ambas partes. Seguramente tanto el comprador como el vendedor consideran que fue una mala negociación. El vendedor piensa que podía haber recibido más y el comprador piensa que podía haber pagado menos, pero en realidad fue una negociación buena porque se logró llegar a un acuerdo.
Pero las negociaciones no sólo son económicas. En libertad, todo es negociable. Y en la política, la negociación es fundamental. En muchas ocasiones un político vota a favor de algo que no apoya o que no es lo que desearía, pero lo hace a cambio de lograr algo que él desea que la otra parte le otorgue. Así funcionan las negociaciones políticas. Ambas partes ceden algo, pero ambas partes ganan algo.
A veces es imposible negociar y llegar a un acuerdo. Sucede cuando el vendedor dice que no acepta menos de cierta precio por un producto o servicio y tira una raya. En este caso, el comprador solo tiene la opción de aceptar la condición, o se rompe la negociación y el vendedor se queda sin poder vender el producto. Entonces el comprador tiene que buscar otro vendedor para negociar.
Los productos como casas, autos, teléfonos, etc. son bienes tangibles y se pueden ver y tocar, pero a veces se negocian servicios que son bienes intangibles. En esos casos es más difícil apreciar el valor real de lo ofrecido, y por tanto, es más difícil negociar.
Y cuando existe un solo proveedor o vendedor para un producto, existe lo que en economía se denomina un monopolio. El vendedor único fija el precio que desea, y no acepta menos. El comprador tiene las manos atadas pues no tiene la opción de buscar otro vendedor y no le queda más remedio que aceptar pagar lo que le piden, o no comprar el producto.
Las negociaciones políticas, en un sistema democrático son resultado de un pluripartidismo que es equivalente a tener muchos “vendedores” que ofrecen opciones diferentes. Estos vendedores son los partidos. Como mínimo, existen dos o más partidos con alternativas diferentes, aunque puede haber muchos más. Normalmente cuando las posiciones entre dos o más partidos son cercanas, o cuando ambos tienen un interés común para resolver un problema, es posible negociar. Las partes ceden y se llega a una solución bipartidista o en algunos casos multipartidista.
Así funciona la democracia. Los vendedores son los candidatos de los partidos y el comprador es el pueblo a través de su voto libre y secreto. Pero esto implica que exista un pluripartidismo, acceso a la información, un interés genuino en resolver un problema y partes estén dispuestas a ceder y desde luego, actúan de buena fe y aceptan la voz de los votantes, que es la voz del pueblo libre.
Pero en las negociaciones políticas también existen monopolios que impiden una negociación y que exigen que se acepte lo que ellos quieren. Este es el caso de las dictaduras, sobre todo las totalitarias. Los dictadores consideran tener el monopolio de la verdad y la razón y no aceptan ninguna propuesta u opinión de nadie. Los votantes son irrelevantes y no son tomados en cuenta.
Eso pasa en Cuba. El castrismo tiene el monopolio de “su verdad” y del poder, y por eso no acepta otras opiniones, y no sólo no acepta la opinión de disidentes y opositores, sino que tampoco acepta las opiniones de sus funcionarios o sus delegados. Sólo la opinión de Raúl Castro es válida. Si otra persona como Marino Murillo o Miguel Díaz Canel proponen algo, es porque antes ya fue revisado y cuenta con la bendición de Raúl Castro.
Por eso en Cuba las aprobaciones de la Asamblea son “por unanimidad”. Nadie se opone, porque oponerse equivale a hacerse un Harakiri político.
Incluso se da el caso de que el “dictador” se oponga a tomar medidas que sabe que resolverán algún problema, porque implementarla podrían debilitar su poder, y para el dictador, el poder no sólo es lo más importante, sino que es lo único. Por eso se frenan los cambios en Cuba y por eso Cuba no está dispuesta a ceder en nada en sus negociaciones con Estados Unidos pues sabe que Estados Unidos tiene el objetivo final de obligar a la dictadura a competir por el poder, sabiendo que con toda probabilidad lo perdería.
Por eso impide a toda costa que se presenten candidatos independientes a las elecciones.

Lo mismo pasa en Venezuela. Nicolás Maduro ha despojado de sus poderes a la Asamblea Nacional para impedir que la misma lo despoje del poder. Todo lo que ha venido haciendo tiene como objetivo, proteger a toda costa el monopolio chavista del poder. Por eso no hace elecciones, porque sabe que podría perderlas y para el chavismo, al igual que para el castrismo, conservar el poder no solo es lo más importante, sino lo único que importa.
Y como las elecciones entre dos partidos o dos candidatos equivalen a dos vendedores ofertando su producto, llámese castrismo, o llámese chavismo y los compradores son el pueblo que decide, a través de sus votos si quieren más de lo mismo o si quieren un cambio, no desean elecciones. No desean que nadie compita contra ellos.
El pueblo cubano está ya cansado de la miseria que el castrismo ha traído a Cuba. A su vez, el pueblo venezolano está ya cansado de la miseria que el chavismo ha traído a Venezuela. Ambos pueblos desean un cambio, pero los gobiernos de Cuba y Venezuela no están dispuestos a negociar nada que pueda comprometer su monopolio de poder.

Por eso es prácticamente imposible negociar con ellos. Solo entienden a base de fuerza.

jueves, 24 de agosto de 2017

EL SÍNDROME DE CRONOS ATEMORIZA AL GOBIERNO Y ESTANCA LOS CAMBIOS EN CUBA por Jorge Ros.

Primero: Mantener el poder, Segundo: Mantener el poder y luego: Mantener el poder
Cuba es un estado fallido. La revolución cubana es un cúmulo de promesas incumplidas e incumplibles. Los dirigentes cubanos saben perfectamente que el castrismo fracasó y que el país no es autosustentable. También saben que es imperativo hacer cambios sociales, políticos y económicos para restablecer la viabilidad del país.

Saben que el pueblo no está contento con la situación y saben que la creciente oposición se nutre de las incontables fallas de la revolución, pero no están listos para hacer los cambios necesarios porque la prioridad de la cúpula gobernante no es ni nunca ha sido el resolver los problemas del país, sino conservar el poder a toda costa.

Los sociólogos definen al poder como el control, dominio y jurisdicción que un hombre dispone para imponer su voluntad. Llevado al campo político, el poder absoluto se convierte en hegemónico y autoritario. Max Weber señalaba que “el origen de todo poder es la violencia”. Por eso, cuando un gobernante siente amenazado su poder, recurre a la violencia y a la represión para mantenerlo.

El que tiene el poder, no desea compartirlo ni perderlo y por eso usa todo su poder para evitar que surjan personas que puedan subir y retar su poder. Esto lo explica el llamado “Síndrome de Cronos” que expresa que el que ostenta el poder impide a toda costa que otros obtengan poder. Estanca a los demás por temor a ser desplazado o sustituido. Los estanca por las buenas o por las malas. En Cuba el estancamiento se ha producido mediante la represión y el totalitarismo, o sea, a las malas.

Pero porqué los cambios en Cuba para hacerla viable, para mejorarla y para crear oportunidades ponen en riesgo el poder de la cúpula castrista. Veamos porqué.

Supongamos que el gobierno cubano se decide a realizar los indispensables cambios económicos. Entonces crea condiciones de libertad económica en la que las personas puedan emprender libremente en cualquier campo. En poco tiempo se crearían cientos de pequeñas empresas. Las fuerzas del mercado harían que muchas desaparecieran, pero muchas otras crecerían y sus propietarios o accionistas ganarían dinero y se enriquecerían.

Enriquecerse producto de una actividad empresarial honesta no es malo, pero enriquecerse da poder. Nadie dudará que las personas con mucho dinero tienen poder y romperían el monopolio de poder que tiene el estado, por eso se ha limitado el desarrollo de los cuentapropistas y por eso se busca la forma de impedir que se enriquezcan, olvidando que el lucro es el motor del emprendimiento.

Por eso los limitan, los obstaculizan, los multan y ultimadamente los clausuran, porque no desean que se enriquezcan y ganen poder. Están actuando según indica el Síndrome de Cronos, para evitar a toda costa que, mediante el poder económico, se pueda llegar a influir, retar o limitar el poder político absoluto de que gozan ahora. O sea, tienen miedo.

La libertad económica lleva implícita varias cosas. Toda empresa moderna necesita usar la Internet para comunicarse con sus proveedores, para manejar transacciones bancarias y tarjetas de crédito, para investigar alternativas de productividad para su negocio. En pocas palabras, libertad de comunicación a nivel nacional e internacional.

Todos sabemos las condiciones del servicio de Internet en Cuba. Muy pocos puntos de acceso públicos y muchos menos en domicilios y negocios. Cuando en casi todo el mundo todos tenemos una conectividad 4G LTE que nos permite estar conectados en cualquier parte, aparte de tener Internet y Wifi inalámbrico a domicilio (Y ya las empresas están empezando a concretar el 5G), en Cuba tienen apenas un 2G y están comenzando a implementar el 3G. Es decir, la Internet en Cuba está dos generaciones tecnológicas atrasada. Pero al gobierno no le interesa acelerar su desarrollo, porque arriesga su poder. Otra manifestación del Síndrome de Cronos.

Si Cuba lograra implementar 4G para que hubiera conectividad en cualquier parte y se pudiera acceder a la internet en casas y negocios a precios razonables, el gobierno perdería el control de la información y controlar la información da poder. Y cuando las personas ganan poder, lo hacen a costa del poder del gobierno que se debilita.

También la libertad económica y la libertad de comunicación llevan implícita la libertad de expresión, algo que el gobierno cubano no ha estado ni remotamente dispuesto a permitir. El gobierno no permite ideas diferentes, el gobierno no permite que las personas que piensan diferente se expresen libremente y reten su poder. Por eso actúan conforme al Síndrome de Cronos y no permiten que se desarrollen las libertades humanas básicas y recurren a la represión.

El gobierno cubano tiene miedo a perder el poder y por eso no quiere hacer los cambios necesarios. Reprime y grita que la oposición quiere destruir los inexistentes logros de la revolución.

Pero como bien dijo el poeta y pensador Bengalí Rabindranath Tagore quien fue el primer escritor no europeo en ganar el premio Nobel de literatura en 1913:


“La verdad no está de parte de quien grite más”